por Alessandra

Viernes 05 de Noviembre 2010: aterrizo en el aeropuerto de Ben Gurión en Tel Aviv. Ese día cumplo 36 años. Cuatro meses antes había decidido tomarme un año sabático. Estaba agotada, vivía estresada y no era feliz. Mi amiga Hanny, quien me hospeda en su departamento en Nueva York, está encantada con la idea de que me tome un tiempo para pensar. Me pregunta:

“¿qué es lo que toda tu vida has querido hacer pero nunca has tenido tiempo?

“ Siempre he querido aprender Árabe y entender el conflicto Palestino-Israelí” respondo. 

“Ya está, te vas a Palestina!” sentencia.

Es así como ese viernes, ahí estaba yo, en Ben Gurion, respondiendo a las preguntas del control migratorio:

“¿Cuál es el propósito de su viaje a Israel?
Su apellido Abusada, ¿de dónde es?
¿Dónde nació su abuelo?
¿Y el papá de su abuelo?
¿Y el papá del papá de su abuelo?

 ¡Dios mío! No me esperaba tal interrogatorio.

Ese viernes marcaría el inicio de una nueva etapa en mi vida. El viaje que en teoría iba a durar 45 días se convirtió en 5 años. Durante ese tiempo llegué a aprender Árabe, pero también Hebreo y estudié una Maestría en Investigación y Resolución de Conflictos en la Universidad Hebrea de Jerusalén.

Tuve encuentros inolvidables y conversaciones difíciles. Pero aunque mis ojos se abrieron al dolor de vivir en una zona de conflicto, no sabía qué hacer. Cuanto más desmoralizada me sentía, más ansiosa estaba por conocer la historia. Si un conflicto es una relación que se agrió, tenía que saber cuándo y qué afectó la relación entre judíos y palestinos.

De vuelta en Perú, quiero compartir lo que aprendí, de la forma en que me hubiera gustado que alguien me lo hubiera explicado. De forma simple, pero sin caer en simplismos. Esta serie de videos cortos, espero yo, logren este objetivo. En ellos sostengo que el conflicto israelí-palestino no está impulsado principalmente por el celo religioso, sino por las fuerzas sociales y los movimientos históricos. Los judíos de Europa amenazados necesitaban un lugar seguro y, como era de esperar, lo buscaban en la tierra de sus antepasados; los árabes indígenas de Palestina tenían lazos profundos con la misma tierra y, como era de esperar, se sentían amenazados por los recién llegados europeos y su proyecto de un estado exclusivo para el pueblo judío.

No podremos contribuir a la paz entre judíos y palestinos, a menos que conozcamos la historia, entendamos sus temores y aprendamos a ver más allá de ellos. Sólo así lograremos entrar al diálogo de una forma que nos permita ser parte de la solución.